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Correo Internaciona Mayo de 2009 N° 148
| Correo Internaciona Mayo de 2009 N° 148 |
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| Escrito por LIT-CI | |
| domingo, 17 de mayo de 2009 | |
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El Salvador El pasado mes de marzo, se realizaron elecciones presidenciales en El Salvador. En ellas, se impuso Mauricio Funes, candidato del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional (FMLN). Lo que más entusiasmo genera es que el FMLN, su dirección político-militar durante la guerra civil que se desarrolló en el país, en 1980-1992, llega al gobierno por primera vez, casi 30 años después de su fundación como frente guerrillero y 16 de su constitución como partido. Un poco de historia Para entender esta afirmación, es necesario recordar un poco de la historia reciente del país. El triunfo de la revolución sandinista, en Nicaragua, en 1979, abrió un profundo proceso revolucionario en toda la región centroamericana. Esto tuvo una fuerte expresión en El Salvador. Ante el gran ascenso de masas que se daba en el país, la burguesía, la derecha salvadoreña y el imperialismo estadounidense dieron comienzo, desde principios de la década de 1980, a una sangrienta guerra civil, que costó la vida de 75.000 personas (entre muertos y desaparecidos), en un pequeño país que hoy tiene unos 6.000.000 de habitantes. La traición del FMLN en los “acuerdos de paz” Sin embargo, a pesar de las posibilidades de triunfo, no fue en el terreno militar que se definió el curso de la guerra civil. Lo que decidió la situación fue el proceso de negociaciones y “acuerdos de paz” que venía impulsando, desde 1982, el llamado "Grupo de Contadora" (integrado por los gobiernos de México, Venezuela, Colombia y Panamá), con el apoyo de la ONU y del partido demócrata estadounidense. La “institucionalización” del FMLN Luego de entregar las armas, el FMLN pasó a transformarse en un partido político, entre 1992 y 1994. Como resultado de esta institucionalización, comienza a ganar numerosas concejalías, alcaldías y diputaciones. Por ejemplo, antes de estas elecciones, ya controlaba las alcaldías de los once municipios que conforman el Gran San Salvador, incluyendo la capital y tenía 32 diputados en la Asamblea Legislativa (sobre un total de 84). Todo este “poder institucional” representaba, a la vez, una fuente de ingresos y privilegios materiales. Los cambios económicos en el país El segundo elemento son los grandes cambios producidos en la economía del país en estos años. En primer lugar, la creación de quince zonas de “libre comercio”, en las que se han instalado numerosas empresas maquiladoras, especialmente del sector textil e indumentaria, que cortan y montan ropas de conocidas marcas para exportar a EE.UU. La “unidad” con la burguesía Mauricio Funes es un prestigioso periodista independiente que nunca perteneció al FMLN y sólo se afilió para poder ser candidato. Su designación ya representó un “giro moderado” (es decir, hacia la derecha) del FMLN para disputar las elecciones con ARENA. Después de su triunfo, su principal objetivo fue llevar “tranquilidad” a la burguesía salvadoreña. Por eso, reiteró su llamado a la “unidad nacional” y al dialogo con las empresas privadas. La respuesta de la patronal salvadoreña (ANEP - Asociación Nacional de la Empresa Privada) fue aceptar este llamado. La “unidad” con el imperialismo Del mismo modo, Funes también transmitió “tranquilidad” al imperialismo. Por ejemplo, sobre el tema de deuda externa (9.422 millones de dólares, a finales de 2008) había declarado: “Yo quiero reafirmar a los organismos multilaterales que la deuda será pagada con los plazos que fueron negociados. Voy a cumplir todos los compromisos adquiridos por gobiernos anteriores" (reproducido en el artículo El gobierno del FMLN…, ya citado). Por el otro, mantuvo una amable reunión particular con Barack Obama, presidente de EEUU y, por lo tanto, actual jefe del imperialismo, durante la reciente Cumbre de la Américas de Trinidad-Tobago. Funes contó que Obama le señaló “el papel” que El Salvador podría jugar en Centroamérica. En buen criollo, su gobierno podría ser una pieza muy importante en los planes de “estabilidad imperialista” y de contención de los conflictos y luchas populares en la región. Las perspectivas y la respuesta de los revolucionarios La burguesía salvadoreña y el imperialismo estadounidense están tranquilos: el de Funes y el FMLN será un gobierno burgués y, por lo tanto, enemigo de los trabajadores y el pueblo salvadoreños. Más aún, en un contexto de crisis económica mundial y nacional, que le dejará muy poco margen de maniobras para hacer concesiones. Por eso compartimos plenamente lo expresado en la declaración del MSTC: “Es preciso que las organizaciones obreras, campesinas, estudiantiles y populares mantengan su total independencia del gobierno y continúen con sus luchas. Sería un grave error darle “tiempo” o “un respiro” al nuevo gobierno, postergando así las exigencias de nuestros derechos. El movimiento de masas en El Salvador y las organizaciones de izquierda no deben apoyar a este nuevo gobierno, ni siquiera darle un “apoyo crítico”. Debemos construir, con nuestras luchas, una oposición de clase, una oposición por la izquierda. Obviamente, no se trata de no tener en cuenta las ilusiones de las masas a la hora de formular las tácticas de intervención. Pero la izquierda debe, ante todo, decir la verdad a las masas; y esa verdad es que este no es su gobierno, que deben mantener su independencia y continuar con las luchas por sus reivindicaciones históricas”. Tal como lo expresaba la declaración emitida por el MSTC antes de las elecciones: “Desde ya es imprescindible que las organizaciones revolucionarias llamemos a las masas a movilizarse para rechazar el programa del futuro gobierno, así como para exigirle garantice la reversión de las privatizaciones y los Tratados de Libre Comercio; asegure políticas que combatan los efectos perniciosos de la dolarización; desarrolle políticas que protejan a las clases explotadas de los efectos de la crisis económica mundial, se derogue la ominosa ley de amnistía[y la ley antiterrorista]; que asegure de manera decidida la separación entre las Iglesias y el Estado, así como una educación totalmente laica. Que garantice los derechos de las mujeres, y detenga las iniciativas que atentan contra los derechos de los homosexuales. De manera urgente, debe promover el desarrollo de los pueblos indígenas y el campesinado, incluyendo el derecho a contar con tierra para cultivar. Más aun, es imprescindible que las organizaciones revolucionarias levantemos consignas que vayan más allá, como la expropiación de la banca imperialista y de la propiedad de la oligarquía salvadoreña; expropiación sin indemnización de las empresas imperialistas que explotan los recursos naturales y los sectores estratégicos de la economía salvadoreña; el rompimiento con las instituciones financieras imperialistas (FMI, BM, BID) y el no pago de la deuda externa”. Es en el marco de participar e impulsar las luchas por esas reivindicaciones que la LIT-CI y el MSTC proponen la necesidad de construir un gran partido revolucionario capaz de disputar la dirección de esas luchas. En este sentido, la declaración del MSTC concluye: “Invitamos a todas las organizaciones revolucionarias del país a que nos unamos para la construcción de ese gran partido y a las demás organizaciones que se reivindican revolucionarias y que aún se Mantienen dentro del FMLN, a que rompan con su dirección, y que levantando el principio de la independencia de clase y con las herramientas que nos proporciona el marxismo revolucionario, trabajemos junto a las clases explotadas por su verdadera liberación, la cual encontrarán sólo si avanzamos hacia el socialismo a nivel mundial”.
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