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Correo Internaciona Junio 2008
| Correo Internaciona Junio 2008 |
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| Escrito por LIT-CI | ||||
| miércoles, 11 de junio de 2008 | ||||
Página 1 de 2 Barack Obama: un “nuevo rostro” El triunfo del senador Barack Obama en las internas del Partido Demócrata es un hecho inédito en la historia de EE.UU.: por primera vez, habrá un candidato negro en las elecciones presidenciales, representado uno de los dos grandes partidos. Más aún, las encuestas indican que tiene muchas posibilidades de derrotar a su oponente republicano, John McCain. El hecho que un joven político negro, hijo de un inmigrante africano musulmán, pueda transformarse en el primer presidente negro del país era algo absolutamente impensado años atrás y sólo podía existir en alguna serie televisiva, como 24 horas. Es lógico, entonces que genere un gran impacto en EE.UU. y en todo el mundo. También mucha confusión que llega incluso, como veremos en esta edición de Correo Internacional, hasta algunas corrientes de izquierda. ¿Se trata de un cambio real, parcial pero importante, del sistema de poder político de la principal potencia imperialista mundial? O, por el contrario, ¿es sólo una necesaria adaptación formal de este sistema (un “nuevo rostro”) para poder enfrentar en mejores condiciones las graves dificultades del imperialismo estadounidense en el mundo y en su propio país? La LIT-CI afirma claramente que se trata de la segunda alternativa. Para demostrarlo debemos analizar, por un lado, las características centrales de ese sistema que creó una figura como la de Barack Obama y, por el otro, las condiciones que hicieron necesario su posible acceso a la presidencia del país. El sistema bipartidista El sistema político-electoral estadounidense basa en la existencia de dos grandes partidos burgueses (republicano y demócrata) que, según las circunstancias, se alternan en la presidencia y en la oposición parlamentaria. Ambos partidos presentan diferencias políticas y se asientan sobre bases electorales diferentes. Los republicanos expresan tradicionalmente posiciones más reaccionarias y se apoyan en la clase media de las ciudades medianas y pequeñas y en la clase media más acomodada de las grandes ciudades. Los demócratas, por su parte, expresaban posiciones más “liberales” (en el sentido estadounidense de la palabra) y su apoyo electoral surge de los trabajadores y la clase media “liberal” de las grandes ciudades, además de integrar tradicionalmente a las minorías (negros y latinos) y a otros sectores discriminados. Por su peso histórico en las direcciones sindicales, los demócratas siempre jugaron el papel de impedir una alternativa independiente de la clase obrera en el terreno electoral. Sin embargo, es necesario agregar que, en los últimos años, esas diferencias políticas han tendido a diluirse cada vez más y existe una fuerte derecha demócrata sin grandes diferencias con los republicanos. En segundo lugar, se demuestra en la política que esos partidos aplican cuando gobiernan. Muchos tienen la ida totalmente que los republicanos son más guerreros y los demócratas más pacifistas. La realidad lo desmiente: muchas intervenciones militares y guerras del imperialismo estadounidense fueron iniciadas por presidentes demócratas. Por ejemplo, fue John Kennedy quien comenzó la intervención en Vietnam, a inicios de la década de 1960, y quien impulsó la invasión de Bahía de los Cochinos contra Cuba; Harry Truman ordenó lanzar la bomba atómica en Hiroshina y Nagasaki, en 1946; mientras que la actual guerra en Irak, si bien fue política de George W. Bush, contó con el respaldo parlamentario demócrata. A la hora de defender los intereses imperialistas en el mundo, ambos partidos terminan unificando su política. ¿Quién es Barack Obama? Al leer su biografía, una primera conclusión es que casi no sufrió, o lo hizo en mucho menor grado, la discriminación, la violencia y la falta de oportunidades que viven cotidianamente la mayoría de los jóvenes negros en EE.UU. Hijo de un keniano emigrado, que luego volvería a su país, y una estadounidense, estudió derecho en la Columbia University de Nueva York y en la exclusiva Harvard Law School, donde se recibió con mención magna cum laude. Trabajó en una firma de abogados y luego se trasladó a Chicago donde es nombrado profesor en la Universidad. En esa ciudad, se relaciona con el partido demócrata y comienza una meteórica carrera política: en 1996, es electo para el senado estadual de Illinois y, en 2004, senador nacional, en ambos casos con el apoyo de Bill Clinton. En 2007, decide lanzarse su precandidatura presidencial en las internas demócratas, con el apoyo del influyente senador Edward Kennedy. El final ya lo conocemos. Su imagen de “muchacho negro exitoso” resulta, evidentemente, mucho más simpática que la “sabelotodo” Hillary Clinton o que el ex militar John McCain. Pero está muy lejos de ser un outsider, un elemento marginal que fue ganando peso en una dura lucha contra el aparato del partido demócrata. Por el contrario, es un producto genuino de ese aparato y cuya figura fue siendo construida para poder ser útil en momentos difíciles como este. Pensar que una posible presidencia suya representará un cambio importante en el contenido de la política estadounidense significa creer que experimentados políticos imperialistas, como Edward Kennedy, y empresas como Goldman Sachs pondrían su peso político o sus dólares para apoyo a alguien que será, aunque sea parcialmente, su enemigo. Sus posiciones políticas Ahora demos un vistazo a sus posiciones, teniendo en cuenta que, al igual que en otros países, los políticos estadounidenses disfrazan sus verdaderas posiciones durante las campañas electorales. En el caso de nuevas figuras demócratas, como Obama, suele cumplirse una ley: se ubican más a la izquierda en las internas del partido, se derechizan en la campaña nacional y completan a fondo ese giro al acceder al gobierno. b) Israel y Medio Oriente c) Las crisis económica d) La cuestión de los inmigrantes e) Sobre Cuba f) La cuestión racial ¿Por qué Obama? Hemos visto que Obama es parte del “riñón” del partido demócrata, por lo tanto del sistema político bipartidista, y dimos un rápido vistazo a sus posiciones. Ahora queremos analizar por qué la burguesía de EE.UU., o por lo menos sectores muy importantes, apelan a él. La explicación de fondo es la crisis en varios frentes que el imperialismo estadounidense vive actualmente. En primer lugar, el fracaso de la política de “guerra contra el terror” de Bush se expresa en el curso desfavorable de las guerras en Irak y Afganistán, y en el debilitamiento de Israel luego de su derrota en el Líbano y su imposibilidad de doblegar a la franja de Gaza. En la región de Medio Oriente, EE.UU. está metido en un pantano del que no puede salir sin admitir una derrota, con grandes costos para su papel de “gendarme mundial”, ni aumentar aún más su presencia militar sin agravar la situación. Al mismo tiempo, el fracaso de la “era americana” de George W. Bush dejó al partido republicano sumamente desgastado y desprestigiado y sin figuras de recambio (también, aunque en menor medida, se desgastó el sistema político de conjunto). Es muy difícil que los republicanos puedan enfrentar una situación tan compleja y difícil que, en muchos aspectos, contribuyeron a crear con sus políticas. Para la mayoría de la burguesía estadounidense resultó claro, entonces, la necesidad de jugar la “alternativa demócrata”. Inicialmente, la apuesta preferida fue la “mujer fuerte” Hillary Clinton. Pero, ante el agravamiento de la situación, comenzaron a ver la necesidad de un cambio más profundo de “rostro” y crecieron las posibilidades de Obama, como la figura más capaz de defender sus intereses en ese marco. Un enemigo aún más peligroso Precisamente, en las últimas décadas, se han caracterizado por presentar “caras nuevas” en las elecciones presidenciales. Por ejemplo, al “joven modelo” John Kennedy, luego del fin del macartismo, o a Bill Clinton, antiguo opositor a la guerra de Vietnam. Algunos periodistas han trazado una analogía entre Obama y Jimmy Carter, quien fue electo presidente en 1977, luego de la derrota en Vietnam y del juicio político que destituyó a Richard Nixon. Si bien hay profundas diferencias entre ambos, existe un claro punto en común: la necesidad de enfrentar una profunda crisis del imperialismo y de su sistema político y, para eso, debían aparecer como “diferentes”. Por ejemplo, durante la campaña electoral, Carter empezaba todos sus discursos con la frase: “No soy abogado, no soy de Washington”. Pero esas “diferencias” se limitaban a las cuestiones más formales: todos ellos defendieron a ultranza los intereses del imperialismo estadounidense, en las condiciones concretas en que les tocó actuar. Por eso, si gana las elecciones presidenciales, , Barack Obama será el principal enemigo de los pueblos del mundo y de los trabajadores de EE.UU. En eso, nada cambia con relación a Bush. Pero será un enemigo mucho más peligroso porque intentará disfrazar ese carácter a través de su imagen nueva y diferente. La conclusión es muy clara: si gana la presidencia de EE.UU., los trabajadores y los pueblos del mundo deberemos combatirlo con todas nuestras fuerzas. 1Tomado de www.barackobama.com/issues/iraq
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